Si hay un cuadro que me parece verdaderamente adorable y tierno, ese es Los ángeles de la Madonna Sixtina, los dos célebres angelitos pensativos de Rafael Sanzio, pintados entre 1513 y 1514. La obra original representa a la Virgen María con el Niño Jesús, acompañados por San Sixto y Santa Bárbara, descendiendo suavemente entre nubes hacia el espectador.
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| Los ángeles de la Madonna Sixtina de Rafael Sanzio |
Lo más curioso es que estos angelotes, hoy universalmente reconocidos, no eran los protagonistas del cuadro. De hecho, algunos análisis sugieren que fueron incorporados casi como un “añadido” final, quizá una nota espontánea del artista. Su actitud relajada, su gesto casi cotidiano y su posición en el margen inferior aportan un encanto muy humano, que contrasta con la solemnidad del resto de la escena.
A partir del siglo XIX, y especialmente durante el XX, estos querubines comenzaron a vivir una vida propia: aparecieron en postales, anuncios, tazas, láminas y toda clase de objetos decorativos, hasta convertirse en los ángeles más famosos de la historia del arte.
La Madonna Sixtina fue un encargo del papa Julio II para el Monasterio de San Sixto, en Piacenza, y hoy se conserva en la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde (Alemania). Considerada una de las grandes obras maestras del Renacimiento, ha sido admirada por figuras como Goethe, Nietzsche o Dostoyevski, que vieron en ella una cima de espiritualidad y belleza pictórica.

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