Me dio un abrazo corto, pero intenso, de esa clase de abrazo que se siente hasta en las uñas de los pies, un salto mortal hacia la vida, una caricia incandescente de esas que no duran pero que queman, algo repentino y fugaz, un abrazo que podría darse sin brazos, porque pertenece a la categoría del conjuro y no a la escala de los achuchones. Recibir un abrazo así, de cuando en cuando, es una prueba irrefutable de que la vida a veces te regala argumentos contra la soledad. Luis Alberto de Cuenca
El Café Iruña de Bilbao es uno de los mejores cafés de España, y basta cruzar su puerta para entender por qué. Abrió sus puertas el 7 de julio de 1903, coincidiendo con San Fermín, y durante más de un siglo ha sido escenario de tertulias literarias, políticas y sociales, punto de encuentro de figuras destacadas de la vida cultural y financiera vizcaína. Además, ha sobrevivido a guerras, cambios sociales y transformaciones urbanas sin perder su esencia. Interior del Café Iruña de Bilbao El responsable de esta joya fue Severo Donamaría, un promotor navarro que decidió abrir en Bilbao un local inspirado en el Café Iruña de Pamplona, inaugurado en 1888. Donamaría eligió un lugar privilegiado: frente a los Jardines de Albia, en la confluencia de las calles Berastegui y Colón de Larreátegui. Desde el principio, el Iruña rompió con la estética dominante de la época. Mientras Bilbao era una ciudad de hierro, humo y fábricas, este café apostó por una decoración mudéjar llena de color...