Ya habré visto Thi Mai: rumbo a Vietnam (2017) un par de veces o tres, y siempre me detengo en la carta que la hija de la protagonista –fallecida, aviso de spoiler– escribe para adoptar una niña vietnamita. Es un texto lleno de amor y de un deseo profundo de dar lo mejor de sí: “ Me dirijo a ustedes con el fin de expresarles mi deseo de adoptar a una niña de su país. Tengo veintiséis años, un trabajo estable, y el sueño de formar una familia. Quizá es porque he tenido la suerte de crecer dentro de una pequeñita, no somos muchos, pero muy grande en cariño. Y quizá por eso también me gustaría poder darle una a alguien que no la tiene. Sé que seré una buena mamá para esta niña, porque yo he tenido la mejor. A mí la mía me enseñó que en esta vida hay que procurar devolver todo lo bueno que has recibido y, por eso, quiero darle a mi hija todo el amor, la seguridad y la felicidad que me dio ella a mí... y que me sigue dando...” . Cartel de la película Disponible en RTVE Play.
¿Sabías que el parque de Doña Casilda Iturrizar y la calle Viuda de Epalza –donde ella vivió– llevan el nombre de la misma mujer? Casilda Margarita de Iturrizar y Urquijo (Bilbao 1818-1900) fue una destacada filántropa y empresaria bilbaína, recordada como una de las figuras femeninas que transformó social y culturalmente la villa gracias a su generosidad y a su incansable labor de mecenazgo. Doña Casilda Iturrizar, viuda de Epalza Procedente de una familia humilde, trabajó como sirvienta en la casa del comerciante Tomás José de Epalza, con quien contrajo matrimonio en 1859. A la muerte de éste heredó una considerable fortuna que administró con gran inteligencia y que destinó, casi por completo, a impulsar proyectos sociales y culturales para mejorar la vida de Bilbao. Doña Casilda financió o colaboró en la creación y mantenimiento de iniciativas clave del Bilbao del siglo XIX: las Escuelas de Tívoli (más tarde llamadas “Viuda de Epalza”), la Sociedad Coral de Bilbao, divers...