El Café Iruña de Bilbao es uno de los mejores cafés de España, y basta cruzar su puerta para entender por qué. Abrió sus puertas el 7 de julio de 1903, coincidiendo con San Fermín, y durante más de un siglo ha sido escenario de tertulias literarias, políticas y sociales, punto de encuentro de figuras destacadas de la vida cultural y financiera vizcaína. Además, ha sobrevivido a guerras, cambios sociales y transformaciones urbanas sin perder su esencia.
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| Interior del Café Iruña de Bilbao |
El responsable de esta joya fue Severo Donamaría, un promotor navarro que decidió abrir en Bilbao un local inspirado en el Café Iruña de Pamplona, inaugurado en 1888. Donamaría eligió un lugar privilegiado: frente a los Jardines de Albia, en la confluencia de las calles Berastegui y Colón de Larreátegui.
Desde el principio, el Iruña rompió con la estética dominante de la época. Mientras Bilbao era una ciudad de hierro, humo y fábricas, este café apostó por una decoración mudéjar llena de color y artesanía con azulejos artesanales, techos policromados, pinturas murales (recientemente restauradas) y una distribución de 300 metros cuadrados divididos en varios espacios que invitan a perderse.
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| Exterior del café |
Hoy, el Café Iruña sigue siendo un referente histórico y gastronómico, famoso por sus pintxos, su ambiente tradicional y su capacidad para transportar al visitante a otra época. Por eso no es casualidad de que sea uno de los cafés más visitados, tanto por bilbaínos como por turistas. Y es que el Café Iruña de Bilbao no es solo un local emblemático, sino parte viva de la historia de la ciudad.


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