Ahora que Chenoa y Estopa han logrado superar en audiencia (ya lo hicieron Broncano y Lalachus el año pasado) a Pedroche y Chicote en las Campanadas, muchos hemos convertido la última noche del año en un pequeño ritual: contemplar el enésimo experimento estético de Cristina –cada año más cercano a una instalación de museo contemporáneo– para, después, regresar con alivio a La 1 o a cualquier cadena ajena al grupo de Atresmedia.
![]() |
| Chenoa y Estopa en las Campanadas de RTVE |
Resulta curioso cómo hemos sofisticado una tradición que nació siendo tan sencilla: doce uvas, doce campanadas y un reloj que, con suerte, no se adelantaba.
Mientras tanto, en Dinamarca se conforman con romper platos para atraer la buena fortuna; en Italia se visten de rojo para espantar la mala suerte; en Escocia celebran el Hogmanay encendiendo antorchas como si el tiempo se combatiera con fuego; y en Japón reciben al año con 108 campanadas que purifican el espíritu.
Nosotros, en cambio, hemos convertido en tradición sobrevivir al impacto visual del estilismo de Pedroche antes de que baje el carillón y empiecen las campanadas que anuncian la llegada de un nuevo año.
![]() |
| Chicote y Pedroche en las Campanadas de Atresmedia |
Y aun así, por mucho espectáculo que nos ofrezcan, algunos seguiremos echando de menos la elegancia y la profesionalidad de Anne y Ramontxu. Como ellos, ninguno.


Comentarios
Publicar un comentario