A veces estamos tan enfocados en llegar a la meta que nos olvidamos de disfrutar el camino. Queremos todo rápido, sin pausas, como si correr fuera la única opción. Pero la verdad es que en esos momentos de calma, de frenos inesperados, es donde realmente aprendemos. Aprendemos a conocernos, a valorar lo que tenemos y a apreciar las pequeñas cosas.
Así que, cuando te toque frenar, no te desesperes. Tal vez ese parón es justo lo que necesitas para ver las cosas con claridad.
Texto de uncafeconletras.
Así es, sabio consejo!! Gracias!
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