miércoles, 14 de octubre de 2015

Temporada de paraguas

Ya se sabe que el otoño es la estación de la lluvia, por eso qué mejor utensilio que el paraguas para protegerse de ella. El paraguas está compuesto de un eje y de un varillaje cubierto de tela u otro material, que puede extenderse y plegarse. Lo cierto es que ya existía en China en el siglo XI. a. C. 

Chica con paraguas
Según una leyenda china, el paraguas fue inventado por Lu Mei, una joven que había desafiado a su hermano a inventar algo que les protegiera de la lluvia. En tan solo una noche, Lu Mei construyó un bastón del que colgaban 32 varillas de bambú cubiertas de tela. 

Paraguas de bambú
De China, pasó a Egipto y Grecia, donde fue usado como sombrilla. Tras la caída del Imperio Romano desapareció hasta finales del siglo XV, cuando resurgió en Francia como objeto de lujo utilizado únicamente por la nobleza. Ya en el siglo XVIII las damas británicas comenzaron a llevar sombrillas y paraguas, mientras que la mayoría de los hombres se negaban por considerarlos refinamientos femeninos. Aun así había excepciones. Los propietarios de los cafés los utilizaban para resguardar a sus clientes hasta que se montaban en los carruajes y los clérigos cuando oficiaban funerales bajo un aguacero en los cementerios de las iglesias. 

Damas británicas, 1796
Jonas Hanway fue quien cambió la historia del paraguas en Inglaterra, y es que fue el primer hombre en atreverse a usarlo públicamente en Londres. Para 1786, fecha de su muerte, ya era utilizado tanto por mujeres como por hombres con total normalidad. 

Jonas Hanway
A medida que avanzaba la sociedad lo hacía también el material del paraguas. El químico escocés Charles Macintosh presentó en 1823 el primer paraguas impermeable creado con caucho. De ese modo se abarataron los costes y toda la población pudo hacerse con uno de ellos. En la década de 1920 no podía faltar el paraguas negro cerrado, que hacía también de bastón. 

Hoy, los hay de todo tipo. Desde los típicos de un solo color, pasando por los más extravagantes y llamativos. El paraguas clásico es el más común. Hecho con varillas de poliéster y cubierta de tela de microfibra para repeler el agua. Los plegables son estupendos para salvarte la vida de los chaparrones inesperados. Son fáciles de llevar y guardar en el bolso de mano. 

Paraguas plegable
Los paraguas burbuja, hechos de plástico transparente, son perfectos para los que les gusta mirar la lluvia y no mojarse la cara. También los hay automáticos, que se abren y se cierran al tocar un botón, y para tormentas, hechos con un material reforzado y extra resistente lo suficientemente grandes para cubrir dos adultos o un adulto y dos niños. 

Paraguas transparente
En su día, se trataba de un símbolo de rango y honor exclusivo de los personajes importantes, muy ligado a la religión. Hoy, este utensilio sigue siendo un emblema de autoridad en algunos países de Asia y África. El ridículo sombrero gorro paraguas queda excluido, evidentemente. 

Sombrero gorro paraguas
Hablando de paraguas, ¿sabías que el más caro del mundo se vende en Londres? Se fabrica a mano en Italia con piel de cocodrilo tratada para resistir el agua, tiene un precio de 50.000 dólares y solo se encuentra disponible en la tienda de Billionaire Couture de Londres. Paul McCartney y David Beckham ya tienen el suyo. 

El paraguas más caro del mundo
Yo lo tengo claro, me quedo con mi paraguas plegable, ese que me mantiene seco y me salva de muchos chaparrones. ¡Bendito invento, Lu! 

2 comentarios:

  1. Muy interesante la informacion como siempre, aunque discrepo contigo en un aspecto... eso de que salve de los chaparrones...
    Me explico. En las zonas que estais acostumbrados a la lluvia, el paraguas es habitual y necesario, un buen amigo. Pero en las zonas mas sureñas donde su uso no es habitual, no estan fácil.
    El paraguas pasa la mayor parte del año escondido en algún rincón del armario. Cuando de repente amenaza lluvia, o no lo llevas y te calas, o lo llevas y no llueve.
    Y por fin llega ese día que coincide que lo has cogido y empieza a llover. ¡Vaya!, ¡que alegría, hoy voy a abrir mi paraguas! Entonces con una espléndida sonrisa abres el artilugio pensado que has acertado y que no te vas a mojar y que...
    ¡Madre mía cómo llueve!, salpica por todos lados, además hace viento, me estoy mojando entera, el paraguas se vuela y se deforma hacia arriba, me agarro a él como puedo, tiro de las varillas para recomponerlo, me pego la cabeza al centro, me chorrea el agua por los codos pero yo sigo aferrada a mi querido compañero...tampoco sé para qué, si ya estoy empapada. Pero sigo toda digna aguantando hasta que llego a mi destino o a un cobijo para resguardarme. Intento cerrar el paraguas... tampoco es fácil, cada varilla mira pa donde puede y la tela... ¡a ver quien lo pliega ahora ! Pobre paraguas,¡ con lo bien que estabas tú en el armario! Total, pa tirarlo ...y yo hecha una sopa. Pero bueno, después de todo, lo mejor es, como siempre, acabar riéndose de uno mismo y disfrutar de cada momento.
    ¿A que sí? Gracias Iker por recordarme estas vivencias
    Mayte

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    1. Jajajaja, muy de acuerdo contigo. De los chaparrones no se libra ni Dios, hasta nuestro querido compañero acaba hecho unos zorros y en la basura. Reírse de uno mismo es, sin duda, lo mejor del chaparrón y la mejor terapia para afrontar los problemas. ¡Al carajo el paraguas! Siempre y cuando no hayamos pagado 50.000 dólares por él.
      Gracias a ti por contarme las tuyas.

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