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Pompas de goma dulce

Mascar chicle no es una costumbre moderna, en la Antigua Grecia, en Egipto e incluso en la prehistoria ya se mascaban resinas de árboles y plantas con propiedades medicinales. El origen del chicle moderno nació en las selvas del sureste mexicano y el norte de Centroamérica, donde hace más de dos mil años surgió la cultura maya. Fueron ellos quienes comenzaron a recolectar la savia del chicozapote. Tras un proceso de secado se obtenía una goma orgánica masticable que usaban para limpiarse los dientes y la boca o para frenar el hambre en los rituales de ayuno. 

Mujer comiendo chicle
El nombre con el que los mayas conocían esta goma era "sicte", que significa sangre o fluido vital. Más tarde llegó a los aztecas con el nombre de "tzictli", cuyo significado es pegar y de ahí pasa a la lengua española como chicle. A principios del siglo XIX se vendían trozos de goma de abeto en el este de Estado Unidos, fue el primer chicle comercial de América. 

Debido al continuo aumento del consumo de chicle, no había material suficiente para su producción. Y es que los árboles necesitaban una media de cuatro a ocho años de descanso entre cada extracción. Por eso, finalmente, los fabricantes se decidieron por las bases de chicle sintéticas. 

Chicle sintético
En la actualidad, el chicle está fabricado con látex artificial y se divide en dos categorías: el chicle de mascar y el chicle de hacer pompas. Además del látex o la base de goma, los ingredientes más comunes de los chicles son el sorbitol, xilitol, maltitol y manitol -alcoholes a partir de azúcar-, glicerol, aspartamo -una de las sustancias más tóxicas que el cuerpo puede consumir-, aceite hidrogenado de coco y almidón -proceso que sirve para aumentar la vida útil de un producto y muy perjudicial para la salud por sus grasas trans-, lecitina de soja, dióxido de titanio -nanopartícula muy común en los productos de protección solar-, colorantes o el BHT, un antioxidante sintético procedente de la industria petrolera. 

Hombre haciendo pompas
No obstante, la costumbre de mascar chicle podría no ser tan negativa. Son muchos los estudios científicos que destacan sus beneficios. El chicle sin azúcar ayuda, entre otras cosas, a saciar el hambre, aliviar el estrés, mejorar la memoria, además de combatir el hábito de fumar. También fomenta la producción de saliva que contrarresta la acidez, aunque de hacerlo de forma continuada puede provocar sobrecarga muscular y gases por la gran entrada de aire. 

La goma de mascar puede provocar gases
Lo cierto es que nada en la goma de mascar es natural y, en exceso, contribuye a la mala salud. 

Chicles
Singapur prohíbe su consumo desde 1992 por la suciedad que generaban y solo permite su compra en farmacias para fines terapéuticos. Pero qué me decís de la explosión de sabores que proporcionan en nuestra boca, una experiencia única. A nadie le amarga un dulce esporádico. Yo, personalmente, prefiero los chicles globo, hacer pompas me divierte. 

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