martes, 3 de noviembre de 2015

Un mal hábito

Forman ya parte de nuestro paisaje urbano y difícilmente podremos perderlas de vista. Las encontramos en parques, montañas, playas y ríos pero inundan, sobre todo, las calles de nuestros pueblos y ciudades. Lo cierto es que ya nos hemos mal acostumbrado a convivir con ellas. 

Las colillas, además de suciedad, contaminan el medio ambiente porque contienen nicotina, cadmio y plomo. Cada colilla concentra lo peor del cigarrillo. La función del filtro no es otra que retener las sustancias más nocivas. Esa parte del cigarrillo que apenas mide dos centímetros, tarda nada más y nada menos que diez años en desintegrarse. Es de acetato de celulosa, un material que las bacterias del suelo no pueden combatir. La descomposición acuática es mucho más rápida, pero el grado de contaminación es también mucho mayor. 

Colillas entre los adoquines de una calle
Tirar una colilla al suelo es un gesto automático, un mal hábito muy extendido entre los fumadores. Se acumulan en las entradas de bares, restaurantes, oficinas, colegios y hospitales. Y es que desde que se aprobara la última ley antitabaco, que prohíbe fumar en espacios públicos, las colillas se amontonan en nuestras calles. 

Colillas en una parrilla de un árbol en París
Ciudades como Barcelona y París ya multan por este comportamiento incívico. La ciudad condal ha puesto en los primeros nueve meses de este año 105 multas por arrojar colillas en la calle o en algún espacio público. Sanción de 90,15 €, aunque los infractores que la pagan al momento tienen un descuento del 70%. 
350 toneladas de cigarrillos inundan las calles de París cada año, es por eso que las autoridades han decidido intervenir y multar también a los fumadores que ensucien el suelo con 68 €. 
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ya ha dicho que repartirá pequeños ceniceros para mantener limpia la ciudad y que pondrá en marcha una "gran campaña de concienciación de la limpieza". Propuesta que quieren llevar a cabo cuando realmente empiece a mejorar la limpieza de la ciudad. Solo en Madrid se recogen medio millón de colillas al día. 

Colillas en el suelo
El problema no queda ahí. Las colillas que caen o se tiran a las alcantarillas acaban en los ríos y las playas. Son el mayor residuo que contamina nuestra costa. Además son tóxicos para los peces, tanto de agua dulce como de agua salada, e incluso pueden provocar su muerte. Y qué decir de esos guarros que se deshacen del sobrante de los cigarrillos en nuestras playas. No solo contaminan, también pueden ser ingeridas por niños y bebés. 

Los fumadores dejan huella en nuestras playas
La solución es muy sencilla. Para evitar este alto grado de contaminación que provocan los restos del tabaco, la mejor opción es tirarlas en las papeleras o en los ceniceros urbanos habilitados para ello. La arena de la playa no es un cenicero, recuerda llevar uno portátil donde depositarlas. Si ya no es agradable verlas en nuestras calles, imagínate pisarlas y encontrarlas al posar la toalla o en la orilla. La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. Cuidémosla. 

Conos para depositar las colillas en la playa

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